la objetofilia (o el deseo sexual hacia los objetos)
- Maximo Fernández
- 14 dic 2020
- 3 min de lectura
Las personas casi siempre defraudan. Los animales raramente, a menos que se sientan amenazados, pero los objetos son, seguramente, los más confiables, los que siempre estarán ahí para ayudarnos, acompañarnos y hasta reconfortarnos cuando estemos tristes. Si exceptuamos, eso sí, los ‘made in China’ o los fabricados con obsolescencia programada, que nos dejan tirados en el peor momento.
Los hay que van más allá y no solo gustan de poseer cosas, sino que se enamoran de ellas y las convierten en sus objetos de deseo. Una parafilia que se conoce como objetofilia y que salta de vez en cuando a los titulares de los periódicos, especialmente cuando lo que ha desencadenado la pasión es un monumento, un símbolo, un patrimonio de la humanidad. En Leeds, Reino Unido, vive Amanda Whittaker, una dependienta de 31 años que se confiesa enamorada de la Estatua de la Libertad, a la que ella llama, cariñosamente, Libby. Amanda conoció la objetofilia desde adolescente, cuando tuvo un affaire con una batería que solía tocar. Su relación a larga distancia con el símbolo de Manhattan es complicada, aunque ella va a visitarla de vez en cuando; mientras mantiene su casa, al norte de Inglaterra, llena de referencias al monumento en forma de posters, cojines, camisetas, cuadros o peluches. Según declaraba Whittaker al Daily Mail, ella siente que su amor es correspondido.
Algunos, no dudan en llegar hasta el altar, simulando una ceremonia parecida al matrimonio para afianzar su relación. A finales de los años 70, Eija-Riitta Berliner-Mauer se ‘casó’ con el Muro de Berlín. Otros casos, sin embargo, acaban en comisaría como el de Robert Stewart, que en 2007 fue denunciado por mantener relaciones sexuales con una bicicleta en un hostal; o el de Karl Watkins que fue procesado, en 1993, por conducta indecorosa con el pavimento de la localidad inglesa de Redditch.
Pero el affaire persona-objeto más conocido es el de Erika Eiffel, ex militar estadounidense que se enamoró de la Torre Eiffel, se casó con ella, ha adoptado su apellido y ha protagonizado un documental sobre objetofilia titulado Married to the Eiffel Tower. Erika es también la creadora de una web, Objectum Sexuality, dirigida a personas con esta orientación sentimental y a familiares o amigos, con la intención de dar a conocer este mundo y explorar un poco sus parajes, para evitar que su interpretación acabe casi siempre en la carcajada o el ridículo. El logo de la página de Erika es una valla de madera roja porque según se explica online, “es un objeto simbólico. La ponemos para protegernos pero no para echar a otros y permite mirar y ver lo que hay dentro”.
Como comenta Erika a S Moda, “la gente todavía no nos toma muy en serio. Lo primero es pensar que somos unos chiflados. Pero incluso los más comprensivos tienden a hacer apreciaciones, elaborar sus propias teorías. Los malentendidos más comunes entorno a la comunidad OS (Objectum sexuality) son pensar que la mayoría de sus miembros son mujeres –seguramente porque los casos más famosos eran protagonizados por chicas–, además de creer que este comportamiento se deriva de abusos en la infancia. Los estudios demuestran que solo una pequeña proporción de gente OS los ha sufrido. Además, de ser cierta esta teoría, es seguro que en el mundo habría muchas más personas con esta inclinación. Otra de las ideas que circulan entorno a nosotros es que elegimos enamorarnos de objetos en vez de personas porque así tenemos el control y evitamos la complejidad de las relaciones humanas. Pero nadie elige el objeto de su amor y, por otro lado, yo no tacharía de fácil tener sentimientos hacia una cosa, que a veces es difícil tener cerca y sobre la que no tienes ningún control. Ya sea porque pertenece a otro o porque es un edificio público”.

.jpg)



wow que interesante! que pensas al respecto?